La Teosofía es, según sus practicantes, el desarrollo de la filosofía y de la ciencia, a través de diversas religiones buscando lo que haya en ellas de sabiduría. Sus verdades, relacionadas con las leyes de la naturaleza y de la vida del hombre físico, mental y espiritual, se fundamentan en el cúmulo de testimonios de “innumerables generaciones de clarividentes iniciados”. Como la total comprensión de todo esto ha estado durante edades más allá de la capacidad del hombre común, y aún lo está, ha recibido el nombre de “doctrina secreta”, un cuerpo de enseñanzas misteriosas reveladas solamente a los pocos individuos más avanzados. Los representantes de la Teosofía, por regla general, intentan otorgar la experiencia mística subjetiva del conocimiento de Dios una fundamentación lógico-formal, lo que los distinguen de los místicos tradicionales.

La historia muestra un núcleo de enseñanzas que han aparecido a través de las edades, algunas veces enseñadas abiertamente y otras veces enseñada en secreto a unos pocos seleccionados. Esos principios han tenido estilos bastante diferentes pero los fundamentos han permanecido invariables a través de los siglos. Este núcleo de comprensión, o tradición esotérica, es conocido actualmente como Teosofía. Se le llama esotérica debido a que se refiere a lo que está oculto, a lo que no es obvio. Ofrece una filosofía que hace que la vida sea inteligible. Pone a la muerte en su lugar correcto, como un incidente recurrente en un vida sin final, que abre una vía de acceso a una más completa y radiante existencia.

Los propios teósofos opinan que fue el inventor de la palabra Ammonius Saccas (175-242 d.C.), fundador de la Escuela Neoplatónica, aunque la primera documentación aparece en el siglo XVI, aplicada a filósofos como Paracelso, Agripa o Van Helmont. Sea como sea, encontramos ya sus ideas primigenias en la escuela neopitagórica (siglo I a.C. y siglo I), con Nigidio Figulo y Apolonio de Tiana, y en neoplatónicos como Plotino, Plutarco o Celso. El deseo de conciliar la Biblia con la filosofía griega, de la que según Filón de Alejandría deriva, suponiendo en el texto sagrado un sentido esotérico y arcano, originará el gnosticismo en el primer siglo del Cristianismo y otras heterodoxias medievales.

En el Renacimiento, como ya se ha indicado, aparecen los primeros a los que puede llamarse propiamente teósofos: Cornelio Agripa de Nettesheim, Teofrasto Bombast de Hoenheim (Paracelso), etc. En el siglo XVIII deberían añadirse los nombres de Roberto Fludd, Swedemborg y Luis Claudio de San Martín, entre otros iluminados. El movimiento teosófico moderno fue impulsado por Helena Blavatsky (1831-1891) que junto con Henry Steel Olcott (1832-1907) y William Quan Judge (1851-1896), fundaron la Sociedad Teosófica en la ciudad de Nueva York en 1875. La Sociedad Teosófica es una organización o fraternidad mundial que aspira a despertar la sabiduría y conocimiento de los misterios del universo y del ser humano.

La Socieda Teosófica comparte tres proposiciones básicas con los teósofos anteriores al siglo XIX:

– La existencia de una esencia absoluta desconocida, omnipresente, e impersonal, que es raíz de todas las cosas, tanto visibles como invisibles.

– La naturaleza eterna e inmortal del espíritu del hombre el cual, siendo un rayo del Alma Universal es idéntico en esencia a ésta última.

– La posibilidad de que el hombre se haga Uno con lo Divino, trascendiendo sus limitaciones y participando de la Sabiduría Divina.

La Sociedad Teosófica no es dogmática y a los teósofos se les alienta a no aceptar nada como dogma de fe o porque fueron palabras dichas por alguien, sino a que adopten solamente aquellas ideas que satisfagan su propio sentido de lo que es verdadero e importante. La Teosofía es más bien una forma de contemplar la vida, que un credo. La Teosofía moderna, no obstante, presenta algunas ideas para su consideración, como las que siguen a continuación, y muchos teósofos sostienen estas ideas, no como creencias rígidas, sino como una forma de ver la vida que explica el mundo según ellos lo experimentan.

Las Enseñanzas:

Las enseñanzas conocidas como Teosofía se dividen en dos grupos. En primer lugar, la Teosofía nacida del conocimiento directo de la Realidad. La tradición afirma que el hombre, en su naturaleza esencial, es una parte o aspecto de esa Realidad que las grandes religiones del mundo siempre han reconocido bajo el nombre de Dios. Debido a esta identidad interna, el hombre puede conocer a la Divinidad directamente, sin intermediarios. Esto lo hace a través de un largo proceso de auto-descubrimiento hasta que, en la realización de sí mismo, experimenta el hecho de su identidad con la Realidad. Después de ello, ya no puede haber para él duda o muerte, pecado o dolor. Este estado, descripto por los místicos como la “unión con Dios” es la meta conocida por diversos nombres como liberación, salvación, iluminación o nirvana.

La reencarnación:
El karma (o justicia moral).
La existencia de mundos de experiencia más allá del físico.
La presencia de vida y consciencia en toda la materia.
La evolución del espíritu y de la inteligencia, así como la de la materia física.
La posibilidad de nuestra participación consciente en la evolución.
El poder del pensamiento que nos afecta a nosotros y a cuanto nos rodea.
La realidad del libre albedrío y la responsabilidad propia.
El deber de ser altruista y preocuparse por el bienestar de los demás.
La perfección final de la naturaleza humana, de la sociedad, y de la vida.

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